
La Confitería con mayor solera y tradición de Sevilla, La Campana, abría un nuevo local en el centro de Sevilla. Justo en un entorno urbanístico protegido por su cercanía con la Catedral de Sevilla, Kauma se enfrentaba al reto de conseguir multiplicar el espacio interior diluyendo barreras visuales y, a la vez, siendo respetuosos con la arquitectura. Había que traer al siglo XXI la esencia de una confitería con cerca de 140 años de historia. El vidrio ya estaba siendo el gran protagonista del local, con grandes mostradores para realzar los dulces más cuidados. Y el cristal debía seguir siendo el leitmotiv a la hora de crear un espacio sin barreras, que introdujese la terraza exterior en el salón interior y generar un espacio sin barreras visuales.



